jueves, 30 de enero de 2014

On the Sunny Side of the Street by Roy Eldridge.wmv





Roy Eldridge nace el 30 de enero de 1911

El trompetista de jazz, Roy David Eldridge, es a menudo considerado como el instrumentista eslabón entre Louis Armstrong, el mejor trompetista de la era del swing y de la historia del jazz, y el genial Dizzy Gillespie, el trompetista mas representativo de todo el jazz moderno. Aunque ésta consideración pueda parecer un desmerecimiento de los propios logros de Roy Eldridge como músico, lo cierto es que estamos ante uno de los grandes maestros del jazz.

Nació en Pittsburgh, aprendió música con su hermano mayor, el saxofonista, Joe Eldridge. Su primer instrumento fue la batería con apenas siete años de edad, pero desde el principio de su carrera profesional en 1927, adoptó la trompeta como su instrumento. Coleman Hawkins, el gran saxofonista tenor fue su primera y gran influencia. En los años veinte estuvo durante un breve periodo de tiempo en la banda de Fletcher Henderson, posteriormente se trasladó a New York para incorporarse a la formación de Teddy Hill en 1933. Un año mas tarde abandonó el grupo de Hill para trabajar con su hermano pero la experiencia fracasó y volvió con el director de orquesta en 1935, fecha en la que grabó sus primeros discos.

Su excitante forma de tocar le valió el reconocimiento de infinidad de músicos que querían a toda costa tenerlo en sus filas. Así, tras la banda de Henderson entre 1936 y 1937, siguió la de Gene Krupa, un batería absolutamente explosivo que le ayudó a consolidarse como la mejor trompeta de jazz en aquellos años. En 1944 firmó con la orquesta de Artie Shaw, un músico que luchó lo indecible por tener en su grupo blanco a músicos negros. Roy Eldridge, fue victima del racismo y tuvo que dejar la banda a pesar de los esfuerzos de su jefe por persuadirle.

En los años cincuenta, fue fichado por la organización de Norman Granz, y como tantos otros músicos formó parte de numerosos proyectos, giras, conciertos y grabaciones en el entorno del JATP. Allí permaneció hasta el final de su carrera siendo el sello Pablo, propiedad de Norman Granz, testigo de su éxito.
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